Tan nueva, tan linda

22 febrero, 2011 § 2 comentarios

La nueva sede de la Facultad de Ciencias Sociales tiene ese… qué se yo.

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El que no haya cursado en la sede de Ramos (a.k.a. La choza de siete colores) le resultará difícil de entender el cariño que muchos de nosotros tenemos por ese edificio.

A veces siento nostalgia por las cosas más absurdas. Me acuerdo de la estufa del aula del primer piso -el que estaba al lado del kiosco que vendía unos tostados de pan árabe increíbles- que una vez que se prendía a comienzos del invierno, no se apagaba hasta pasados los tres meses; de los enchufes tapados con cinta Scotch; el aroma a guiso de lentejas que salía de La Barbarie los días de fresco y el espanto de aquellos que no entendían que podíamos tomarnos una cerveza dentro de la facultad.

En el nuevo edificio de Constitución el aula magna resplandece con sus nuevas instalaciones y asientos que podrías ver en un cine. Los ascensores funcionan con normalidad y, por fin, tenemos biblioteca. Todo es tan diferente, tan como debería ser.

Las comodidades de la nueva sede enamoran, es imposible decir que no, pero me pregunto cómo repercutirá este nuevo amor en los comportamientos de los indios sociales. ¿Lograremos cuidarla?

No voy porque no me gusta la música que pasan

16 febrero, 2011 § 4 comentarios

Mi orgullo no me permite admitir la derrota. Sucumbí ante el fantasma llamado: “Se te van a caer las cachas“. Supongo que los troskos deben sentir lo mismo en el momento en el que se compran una Big Mac. Yo me siento así, con dolor.

La impunidad de mi frase “no voy porque no me gusta la música que pasan” hacia todos aquellos que me decían que debía abandonar la comodidad del sofá para mover el esqueleto en un gimnasio dejó de tener efecto.

Empecé a ir hace una semana, el primer efecto secundario fue caer por knock out en la cama. El dolor se hizo presente a la mañana. Esos músculos que disfrutaban de su sedentarismo fueron despertados por una nazi de la educación física. Todas las profesoras de gimnasia lo son, además de narcisistas y malvadas.

“Chicas: si mañana les duele todo el cuerpo sean felices, ¡es saludable!”, gritó una de ellas (siempre gritan) mientras sonaba Ricardo Arjona en una versión remixada.

Siempre me pregunté de dónde bajan esa música tan espantosa, creo que trataré de develar ese misterio en los próximos días. Mi teoría es que las profesoras de gimnasia, como las prostitutas, atrasan las modas una década.* Si para las trabajadoras de la yeca esto influye en las vestimentas, en las trabajadoras del sufrimiento muscular afecta el gusto musical. Ustedes qué creen?

* @_pastel inspire

Igual si volviera a sonar Olivia Newton John, las perdonaría (?)

El extraño sabor de las viandas

7 febrero, 2011 § 10 comentarios

Confío en que el que haya viajado alguna vez en un micro de larga distancia o en avión coincidirá conmigo.

Sin importar lo grande que sea el asiento o el lugar para estirar las piernas, siempre llega el momento en el que descubrís que es un molde demasiado cuadrado para tu culo y te comenzás a aburrir. Ese estado de ansiedad se incrementa si el viaje se realiza durante la noche y llega la hora de la cena. La azafata tiene todo calculado y cuando comienza a ver las primeras caras de impaciencia reparte las viandas.

Esa combinación de alimentos -de dudosa procedencia- dispuestos en un plástico con diferentes compartimentos, cuchillo y tenedor del mismo material, es lo único que tenés antes de ver la película más mala que viste en años. (La industria del cine para ver en colectivo esta en su mejor momento)

Un espacio es dedicado a un mini pebete, sal y mayonesa. Otro para el postre cuyas variedades van desde un mini brownie hasta un pequeño flan totalmente libre de gotas de caramelo.

Un compartimento mediano es ocupado por dos fetas de mini fiambre que lo único que hace es incrementar las esperanzas sobre el espacio mayor, el que permanece vacío durante unos minutos hasta la segunda pasada de la azafata por los asientos.

Todo cambia hasta que es ocupado por una caja de papel aluminio que transporta la comida caliente. El arroz con pollo viene por default en muchas empresas y no importa la cantidad de veces que viajes, nunca te tocará comer la pata.

Sin embargo, no te desilusiones si esta opción no es de tu agrado. Lo peor que podría pasarte es ser el destinatario de los fideos con los ingredientes más indescifrables en stock.

En ese caso preferirás la comida de astronauta (cuando se caracterizaban por no tener la “explosión de sabor” de la que hoy se ufanan).

Así serán las viandas en el futuro, cuando alguien de una empresa de transporte lea mi blog

El último post

1 febrero, 2011 § 6 comentarios

Como soy un poco ansiosa me despido de mis lectores presentes y futuros desde el principio. Espero que no les moleste, no soy buena con las presentaciones pero creo que con las despedidas me defiendo bastante bien. Preparé dos versiones porque no sé en qué se convertirá esta cosa. Ahí van:

 

Versión Ganadora*

Después de tanto tiempo de escribir día a día en este pequeño espacio de Internet, creo que llegó el momento de decir adiós y comenzar una nueva etapa, tal vez un nuevo blog. El tiempo lo dirá.

Gracias por sus hermosos comentarios, nunca fui tan popular en mi vida. Todavía recuerdo cuando me resultaba tan difícil escribir la presentación, no me salían las palabras y yo, que siempre fui ligera de frases, no me conocía.
Esta criatura virtual fue mi trampolín al reconocimiento masivo en el mundo del periodismo. Me conmovieron desde el momento en el que comenzaron a competir por comentar primeros. Sus “Pri!“, sin nada más, a secas, me llegaron al corazón, los sentí cerquita mío.

No tengo palabras para decirles todo lo que les debo, no tengo otra cosa más que un enorme gracias.


Versión perdedora**

La verdad es que le puse muchas expectativas a este blog, pensé que la gente se iba a copar pero evidentemente no fue así.

No sé qué decirte. Pensé que tenía pasta como bloggera (o wordpressera) pero se ve que no. Ya me habían dicho que los blogs habían pasado de moda y yo tengo la manía de llegar muy tarde a los bailes.

Es de gente cool llegar tarde a las fiestas. Si la mayoría de los mortales llega a las dos de la madrugada, los divos llegan cerca de las cuatro para hacerse desear pero yo no. Siempre voy por más y llego a las ocho de la mañana cuando no queda ni el loro. Eso mismo fue lo que me pasó.

Ni un comentario. NI UNO. Es todo lo que voy a decir.

 

* El éxito le pone edulcorante a mi prosa.

** Las puteadas fueron editadas con el sólo fin de no quedar mal ante la cyber audiencia.

¿Dónde estoy?

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