“Soy avaro del prestigio”

18 septiembre, 2012 § 5 comentarios

Hernán Casciari, el creador de Orsai, una revista sustentada íntegramente por sus lectores, cuenta cómo es construir un medio sin traicionarse.

Su morral está en la mesa y escucha atento mientras arma un cigarrillo. Sesea sutilmente, está a mitad de camino entre el acento español y el castellano argentino, mezcla el voseo con un “güí fi”, como le dicen allá. Hernán Casciari es el escritor y editor de Orsai, una revista creada con una premisa: “Nadie en el medio”. Entre sus páginas no hay publicidad y son los propios lectores los que la distribuyen por toda Hispanoamérica.

Un solo click en “registrar” en una página para crear un weblog -allá por el año 2004, cuando apenas surgían las bitácoras virtuales- desembocó en un proyecto que hoy involucra a más de 6 mil suscriptores anuales, un bar en San Telmo y una editorial que plantea un reparto de ganancias del 50/ 50 con el autor de la obra.

Insiste en que nunca imaginó el éxito de “Más respeto, que soy tu madre”, una blogonovela que fue adaptada para el teatro por Antonio Gasalla y desde hace varios años presenta en la cartelera de la calle Corrientes. Orsai es su segundo proyecto en Internet y se embarca junto con Christian “Chiri” Basilis, su amigo de la infancia, en la construcción de una revista sin precedentes.

– ¿Qué se siente haber creado una comunidad de lectores?
Es muy loco, me voy enterando que organizan reuniones para recibir la revista, que se juntan a leer las notas en voz alta, hay gente que me cuenta que se conoció por Orsai y se ha casado. Hasta hay un perro en Uruguay que se llama Chiri y él no puede entenderlo.

– Estuviste en Uruguay hace poco en una reunión de lectores, ¿cómo fue esa experiencia?
Era un montón de gente, yo no quería dar una charla y habían puesto un micrófono entonces les dije que prefería charlar mesa por mesa. Ellos esperaban que dijera unas palabras, estaban un poco tímidos al principio. Cuando uno hizo una pregunta se rompió el hielo y comenzamos a charlar todos, eramos una bocha, estuvimos como tres horas. Cuando vengo acá, los lectores tienen más confianza. En otros países les resulta un poco más difícil romper esa barrera pero después está todo bien.

– ¿Orsai tiene un acercamiento al público muy diferente a los medios tradicionales?
Tenemos una foto de cada uno de los que compran la revista. En la revista 10 van a estar las 6 mil fotos de los suscriptores. No creo que haya algún medio gráfico que pueda poner la foto de cada una de las personas que compran durante un año y eso es comunicación directa. Es muy loco que exista eso. Además, es muy probable que nosotros hayamos hablado por e-mail con la mayoría y eso también es comunicación directa. Supongo que va a ser más habitual en el futuro.

Casciari vive hace 10 años junto a su familia en Sant Celoni, un pequeño pueblo catalán. Asegura que sale de su casa únicamente para cruzar el Atlántico y que prefiere quedarse a escribir antes de entablar una conversación con un español. “Soy un tipo muy ermitaño y anti social para algunos. No me gusta caretearla, se me complica mucho eso”, afirma. Sin embargo, se lo ve relajado y sonriente recorriendo el hotel boutique de San Telmo que tomó prestado como su hogar.

– ¿Para quién escribís? ¿Sos muy consciente de eso?
Siempre, todo lo que hago, lo hago mirando para acá. Escribo para mis amigos, para que se diviertan un poco y de una manera natural. De los 20 a los 30 hice una literatura de mierda porque quería ser inteligente, supongo que es algo por lo que hay que pasar. Yo leo eso, lo poquito que no quemé, y era muy pretencioso.

– ¿Cuándo encontraste tu estilo?
Cuando estuve seguro de que nunca iba a ser escritor, cuando me dejó de importar. Empecé a escribir en un blog algo que es anti literatura, escribía sobre el precio de las pizzas de Coto y yo venía de tratar de escribir literatura latinoamericana. Había ganado un premio por un cuento que no había nada menos mío que ese cuento. Quería ser inteligente, un García Márquez. Escribir en internet para Chiri y cuatro más, era como un “ya está, no voy a ser escritor” y eso fue una liberación. Antes hablaba el estúpido ese que no era yo y a partir del bog hablé desde un lugar que me resultaba cómodo, divertido. Nunca me había divertido escribiendo, durante 10 años había fingido que me divertía porque sospechaba que me daba chapa. Eran letritas porque sí.

Describe a Orsai como una universidad a la que asiste todos los días, comete errores y aprende a trabajar con periodistas e ilustradores a los que siempre admiró. “Hacer la revista es lo más divertido que hay, nunca me divertí tanto trabajando”, afirma y se define como un editor perfeccionista y obsesivo.

– ¿Qué es lo que tiene de especial Orsai?
Somos una revista de literatura, hay miles, pero lo que tenemos de diferente es cómo la comunicamos inicialmente. La manera en la que dijimos cómo íbamos a hacer las cosas fue de tal forma que después cada persona que lo había leído lo quiso contar a sus amigos. Fue el momento preciso para dar vuelta todo porque, te juro por dios, que me enojaba mucho con El País, La Nación y la editorial. No me gustaba cómo funcionaba, cómo me trataban, el marketing y la distribución era mala. Después pensé que no tenían la culpa, al final eran mis libros y tenía que hacerme cargo yo y no esa gente.

El número de Orsai lanzado a los suscriptores en el último mes incluye “la última entrevista” del Indio Solari, según las propias declaraciones de la figurita difícil y codiciada por el gran público amante del rock nacional. Sin embargo, el cantante despertó una polémica que circuló por los medios al asegurar que no se sentía reflejado objetivamente en la entrevista y que no coincidía con la postura del periodista que lo describió como un “bon vivant”.

– ¿Cómo repercutió en tu proyecto las declaraciones del Indio Solari?
Yo boqueo mucho con que no re imprimimos, que no me importa lo económico pero nunca habíamos tenido una prueba, una tentación. Tuvimos tanta visibilidad que si lo hacíamos teníamos toda la plata necesaria para seguir la revista el año que viene. Me llamaron de los canillitas para inundar la Argentina con esa revista. Te ponés a hacer números y sabés que tenés un año entero asegurado.
Una cosa es boquear y otra que te caiga la tentación. Fue una pruebita para mí, para mantenerme firme en lo que digo. Nuestro capital es el prestigio, dejó de ser la guita. Así como hay muchos que son avaros del dinero, yo soy avaro del prestigio. No voy a cometer cierta clase de errores. Me encanta ser talibán.

NR: Una vez finalizada la entrevista ilustro el post con una fotito bien. 

Igualmente en imágenes de Google se encuentran fotos que deberían merecer una anécdota. Para mí, eh.

 

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La blanca palomita del soul

27 julio, 2011 § Deja un comentario

Paloma Faith

Paloma Faith es una de las cuatro damas antiguas del nuevo soul británico, ese que hace unos años inauguró Amy Winehouse con su combinación de talento, excesos y escándalos. Resulta difícil no compararla con ella o sus hermanas musicales Duffy y Adele, todas son cultoras del glamour retro, las voces poderosas y canciones sobre romances que no lograron ser lo que esperaban.
Como salida de una cápsula del tiempo, Paloma Faith engalana la escena del soft rock con vestidos de diva de los años ’50 y pregunta: “Do you want the truth or something beautiful?”. Antes de que intentes responder, su música toma el lugar y entre las opciones de verdad o fantasía, Paloma definitivamente opta por la magia y la nostalgia por tiempos dorados.

“Lo que sucede con la música vieja es que trasciende épocas. La atemporalidad es la esencia del buen arte”, afirma la cantante y actriz que un pasado no muy lejano trabajó de asistente de mago.

Ms. Faith patea el tablero estando “completamente sobria” y se instala como la contracara de Rehab, el himno de Winehouse que no dejó de perder vigencia en su vida. Es una soul sister irreverente, es de esas que plantan la bandera de lo analógico sobre lo digital pidiendo a sus novios cartas, no e-mails. Paloma Faith es la mixtura adecuada entre lo retro y lo que no llegó, un estilo único del cual resulta difícil cansarse.

Apretadito

18 marzo, 2011 § 1 comentario

El Sarmiento

Medio paso. Panza. Intento de paso. Panza.

Tobillo. Pierna. Bolsa.

Panza. Mano. Bolsa. Culo. Panza.

Mano. Culo. ¿Mano? Culo, el mío.

Mirada.

Panza. Codo. Panza. Codo.

Rotación

Culo. Culo. Espalda. Espalda.

Paz.

Presión. Intento de paso. Presión. Intento de Paso.

Mano. Culo. Pierna. Bolsa. Espalda. Panza. ¿Mano?

Rotación

Compresión

Rotación

Asiento.

Parece que me siento.

Me senté.

Cuevana

4 marzo, 2011 § 3 comentarios

Tengo relaciones visuales con Cuevana, constantemente, día tras día. A veces pasamos tardes enteras, otras veces madrugadas. Me encanta porque siempre tiene algo nuevo, es imposible que me canse o me aburra.

Aunque sí, tengo que admitir que nuestra relación también sufre ciertos altibajos, como todas las parejas. Cuando me dice que sus servidores están ocupados me dan ganas de romper el cable de red con los dientes y cortar la relación para siempre.

Discutimos, puteo al máximo, nos reconciliamos, esa es la dinámica.

Algunos dicen que lo nuestro es algo que no debe ser, que Cuevana está en cosas raras, ilegales, pero yo se que no le hace daño a nadie. Me hace tan feliz que haría cualquier cosa para que esto no se termine.

¿Así se siente el amor, no? Si te digo que hasta consideré el casamiento, ¿me creés?

Seguro, porque sé que a vos te pasa lo mismo.

Enjoy

para boludear en tuiter si tenes tiempo no?

Tan nueva, tan linda

22 febrero, 2011 § 2 comentarios

La nueva sede de la Facultad de Ciencias Sociales tiene ese… qué se yo.

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El que no haya cursado en la sede de Ramos (a.k.a. La choza de siete colores) le resultará difícil de entender el cariño que muchos de nosotros tenemos por ese edificio.

A veces siento nostalgia por las cosas más absurdas. Me acuerdo de la estufa del aula del primer piso -el que estaba al lado del kiosco que vendía unos tostados de pan árabe increíbles- que una vez que se prendía a comienzos del invierno, no se apagaba hasta pasados los tres meses; de los enchufes tapados con cinta Scotch; el aroma a guiso de lentejas que salía de La Barbarie los días de fresco y el espanto de aquellos que no entendían que podíamos tomarnos una cerveza dentro de la facultad.

En el nuevo edificio de Constitución el aula magna resplandece con sus nuevas instalaciones y asientos que podrías ver en un cine. Los ascensores funcionan con normalidad y, por fin, tenemos biblioteca. Todo es tan diferente, tan como debería ser.

Las comodidades de la nueva sede enamoran, es imposible decir que no, pero me pregunto cómo repercutirá este nuevo amor en los comportamientos de los indios sociales. ¿Lograremos cuidarla?

No voy porque no me gusta la música que pasan

16 febrero, 2011 § 4 comentarios

Mi orgullo no me permite admitir la derrota. Sucumbí ante el fantasma llamado: “Se te van a caer las cachas“. Supongo que los troskos deben sentir lo mismo en el momento en el que se compran una Big Mac. Yo me siento así, con dolor.

La impunidad de mi frase “no voy porque no me gusta la música que pasan” hacia todos aquellos que me decían que debía abandonar la comodidad del sofá para mover el esqueleto en un gimnasio dejó de tener efecto.

Empecé a ir hace una semana, el primer efecto secundario fue caer por knock out en la cama. El dolor se hizo presente a la mañana. Esos músculos que disfrutaban de su sedentarismo fueron despertados por una nazi de la educación física. Todas las profesoras de gimnasia lo son, además de narcisistas y malvadas.

“Chicas: si mañana les duele todo el cuerpo sean felices, ¡es saludable!”, gritó una de ellas (siempre gritan) mientras sonaba Ricardo Arjona en una versión remixada.

Siempre me pregunté de dónde bajan esa música tan espantosa, creo que trataré de develar ese misterio en los próximos días. Mi teoría es que las profesoras de gimnasia, como las prostitutas, atrasan las modas una década.* Si para las trabajadoras de la yeca esto influye en las vestimentas, en las trabajadoras del sufrimiento muscular afecta el gusto musical. Ustedes qué creen?

* @_pastel inspire

Igual si volviera a sonar Olivia Newton John, las perdonaría (?)

El extraño sabor de las viandas

7 febrero, 2011 § 10 comentarios

Confío en que el que haya viajado alguna vez en un micro de larga distancia o en avión coincidirá conmigo.

Sin importar lo grande que sea el asiento o el lugar para estirar las piernas, siempre llega el momento en el que descubrís que es un molde demasiado cuadrado para tu culo y te comenzás a aburrir. Ese estado de ansiedad se incrementa si el viaje se realiza durante la noche y llega la hora de la cena. La azafata tiene todo calculado y cuando comienza a ver las primeras caras de impaciencia reparte las viandas.

Esa combinación de alimentos -de dudosa procedencia- dispuestos en un plástico con diferentes compartimentos, cuchillo y tenedor del mismo material, es lo único que tenés antes de ver la película más mala que viste en años. (La industria del cine para ver en colectivo esta en su mejor momento)

Un espacio es dedicado a un mini pebete, sal y mayonesa. Otro para el postre cuyas variedades van desde un mini brownie hasta un pequeño flan totalmente libre de gotas de caramelo.

Un compartimento mediano es ocupado por dos fetas de mini fiambre que lo único que hace es incrementar las esperanzas sobre el espacio mayor, el que permanece vacío durante unos minutos hasta la segunda pasada de la azafata por los asientos.

Todo cambia hasta que es ocupado por una caja de papel aluminio que transporta la comida caliente. El arroz con pollo viene por default en muchas empresas y no importa la cantidad de veces que viajes, nunca te tocará comer la pata.

Sin embargo, no te desilusiones si esta opción no es de tu agrado. Lo peor que podría pasarte es ser el destinatario de los fideos con los ingredientes más indescifrables en stock.

En ese caso preferirás la comida de astronauta (cuando se caracterizaban por no tener la “explosión de sabor” de la que hoy se ufanan).

Así serán las viandas en el futuro, cuando alguien de una empresa de transporte lea mi blog

  • ¿Quién soy?

    Fernanda, más conocida como Fer, una recién salida del horno de TEA. Sube la escalera de a dos escalones por vez porque tiene piernas largas y es un poco ansiosa.

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